©Tres Cabezas

Un artista, un virtuoso, no ejecuta inmediatamente una obra maestra. Empieza ejercitando sus dedos, practicando un étude y repitiendo los pasajes más difíciles. Antes de empezar con el principal ejercicio de concentración debes practicar la vacuidad mental. Debes dejar, que los pensamientos que aparezcan espontáneamente pasen de largo y no oponerte a ellos. Tienes que manejarlos como si fueras un extraño. A veces se te presentarán los mismos pensamientos una y otra vez, puesto que son el espejo de nuestro subconsciente; un espejo que consiste en pensamientos, aprensiones y sueños que ocupan la mayor parte de nuestro estado de vigilia, además de molestarnos y preocuparnos. Nos roban energía e impiden que nuestros empeños fructifiquen, cualesquiera que sean. Si no les prestamos ninguna atención evitamos esa pérdida inútil de energía, porque estos pensamientos se agotan ellos mismos, se debilitan cada vez más hasta descomponerse por completo y se disuelven en su elemento particular perdiendo así su poder sobre nosotros. Y esto se consigue mediante el estado de vacuidad mental, una quietud de los pensamientos que también se conoce como estado negativo. Normalmente se tarda unos diez minutos en conseguir este estado y al final del tiempo que hayamos establecido experimentaremos esta deseada sensación de vacío en la que no sentimos nada, no vemos nada, ni olemos o gustamos nada. El cuerpo se encuentra sentado en un estado de relajación, en una postura Asana. Una vez alcanzado podemos concentrarnos intencionada e intensamente, sin impresiones que nos molesten, en calma. Por ejemplo, podemos usar un reloj despertador para determinar la duración de nuestro ejercicio de concentración en un solo color, y mientras tanto no permitiremos que nos aborde ninguna impresión externa. Si algo emerge del subconsciente lo rechazaremos sin desviar nuestra atención del color que hemos elegido, igual que si hubiera un campo magnético con un aspirador alrededor del color que lograra aspirar todas esas interrupciones. Todo el secreto de este ejercicio consiste en no prestar atención a las interrupciones impidiendo que se consuma ninguna energía o fuerza en ellos, dedicando toda nuestra voluntad en imaginar el color que hemos elegido. Condensa la energía hasta que radie esféricamente como un sol lleno de color, hasta que brille o incluso sea fluorescente como una luz de neón o un ópalo, y al hacerlo se condense el color y después disminuya. También podemos deformar la esfera y cuando suene el despertador a los cinco o diez minutos disolver el color. La disolución puede tener lugar o bien repentinamente, como una explosión provocada al mismo tiempo que la sensación de vacío, o bien podemos dejar que la energía condensada se disuelva en el universo. También se puede transferir esa energía al elemento apropiado sin cargarlo de atributos. La mejor manera de fortalecer un hábito consiste en repetir los ejercicios de concentración de la imaginación. Hemos de determinar la fuente de energía y el atributo para después vincularlos con el color, el sonido, la sensación, el sabor y el olor de acuerdo con nuestros deseos, individualmente o juntos. Por ejemplo, podemos imaginar los colores como una niebla ardiente, en forma de nubes, o como una gota, una hilera o una forma radial. Mientras lo hacemos podemos conducir el elemento en cuestión a través del dedo correspondiente de la mano izquierda hacia el interior del cuerpo (dedo meñique= aire; anular= tierra; corazón= akasha; índice= fuego, pulgar= agua) o, cuando lo necesitemos, a zonas concretas del cuerpo. Por ejemplo, se puede acumular el elemento fuego en la cabeza, el elemento aire en el pecho, el elemento agua en el abdomen o el elemento tierra en las piernas. También podemos condensarlos en el exterior del cuerpo en una forma o plano concreto (del Akasha, mental, astral o físico) si queremos eliminar la condensación arrastramos el elemento concreto desde la zona del cuerpo y dejamos que fluya hacia fuera a través del dedo correspondiente de la mano derecha y dejamos que se disuelva en el universo. Si convertimos este procedimiento en un hábito resulta difícil cometer algún error, por ejemplo: 1- fuente de energía, 2- plano, 3- acumulación de energía, 4- analogía de los elementos en el cuerpo, 5- absorción y 6- disolución. Hacerlo una vez es como no hacerlo en absoluto, pero cuando lo hacemos por segunda vez ya se ha convertido en un hábito. Es aconsejable acostumbrarse a este pequeño ritual porque cuanto más intensamente trabajamos con energía más debemos cumplir con las analogías. Por ejemplo, si condensamos energía y olvidamos disolverla de nuevo, podemos dañar nuestra salud y cuanto mayor sea nuestra intensidad para condensar estos poderes peor serán las consecuencias. Insistiré al respecto: si no la empleamos para nosotros sino para otras personas no permitiremos que la energía entre en contacto con nuestro propio cuerpo. Se recomienda encarecidamente realizar todos los ejercicios de concentración o de pensamiento, etc., en el mismo lugar, en la misma postura (Asana) y a la misma hora. De esta forma la habitación se limpia gradualmente de todos los pensamientos secundarios y se carga rápidamente; por supuesto esto también puede ocurrir de una manera arbitraria.
© Dr. Lumir Bardon y Dr. M.K.
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