©Tres Cabezas

El Jardín de las Delicias, El Bosco, 1503-1515
Cuando deseamos algo debemos pensar cuidadosamente en los beneficios que obtendremos si se cumple nuestro deseo, quién se beneficiará y si podría hacer daño a alguien, porque el creador del deseo debe cargar con la responsabilidad y dejar todo en orden de nuevo si ha cometido un error. Todos los seres humanos deben tener alguna experiencia en su vida respecto a esta situación. Como ya he mencionado, una vez el Maestro perdió el control al pronunciar una maldición y como resultado tuvo que compensar los efectos negativos que había provocado. Me insistió en el hecho de que debía adquirir una clara distinción entre actuar como un ser humano normal o como un adepto al hermetismo, porque los deseos se realizan en consecuencia y por lo tanto también debe asumirse la responsabilidad. En su autobiografía Frabato el Mago, Urgaya (“el sabio de la montaña”. Uno de los doce adeptos que forman el “Consejo de Ancianos” de los Iniciados) reprende a Bardon porque de vez en cuando ayudó a la Divina Providencia impidiendo o incluso castigando una maldad, aunque todavía no era el momento. Un adepto al hermetismo debe contener sus deseos según la máxima siguiente: “Quiero ser mejor y perfeccionarme para ser útil al prójimo con mayor efectividad”. Este debe ser su leitmotive. Los deseos egoístas siempre tendrán consecuencias negativas. No se trata de una amenaza, sino de una simple advertencia. He aquí otro ejemplo: ayudaremos a una persona que tiene problemas sin tener en cuenta que sus dificultades sean espirituales, astrales o físicas. La decisión es nuestra y debe estar en conformidad con las reglas siguientes:
1. Si el problema no nos hubiera involucrado a nosotros, entonces esa persona no había entrado en nuestra vida o no la habríamos conocido
2. Como adeptos al hermetismo deberemos ser capaces de reconocer si estamos abordando una lección del destino.
Si este es el caso y eliminamos esta condición, entonces al mismo tiempo, debemos pedir a la Divina Providencia que nos proporcione otra lección del destino. El maestro me dijo que una vez había curado a una joven con los pulmones gravemente afectados por la tuberculosis. Puesto que la enfermedad estaba vinculada con el destino o karma de la enferma, él mismo fue invitado a dar cuenta de sus actos superando obstáculos increíbles. Al final, se vio obligado a deshacer todo el proceso curativo. Cuando oí esto me quede sobrecogido. Sonaba increíble, pero posible, porque un adepto auténtico puede llegar a ser omnipotente si observa todas las leyes universales y tiene suficiente justificación para sus actos. Una vez que hemos alcanzado cierto nivel en nuestro desarrollo debemos tomar una decisión, es decir, expresar el principal deseo de nuestra vida futura, y después hemos de trabajar en el cumplimiento de este deseo cada segundo, minuto, hora, día, mes e incluso años de los que dispongamos. Cuantos más conocimientos y capacidades atesoremos, más complicadas serán las tareas que tengamos que dominar, una vez que hayamos decidido cumplirlas. No hace falta decir que desarrollaremos el conocimiento necesario y que nos basaremos en ideas, intuiciones, poderes y fuerzas que exceden en mucho la imaginación de una persona normal. Nunca hablaremos de estas tareas, ni asumiremos aires de importancia porque en cierto sentido conduciría a la reducción de los efectos buscados. Por otra parte, el poder para ayudar a los seres humanos que sufren sería temporalmente revocado y no poder continuar esforzándonos en el cumplimiento del propósito de nuestra vida supondría nuestro mayor castigo. Naturalmente, una vez alcanzado el nivel adecuado de madurez rara vez caeremos en semejante tentación. No obstante, un mago maduro debe hablar de estas cosas con los alumnos que se encuentran en el sendero de la iniciación para proporcionarles el estímulo necesario y animarles con el mismo espíritu que el Maestro tuvo conmigo. No todos los ejemplos son aptos para el público en general porque una persona con una capacidad de juicio e intelecto normales no los comprendería. 3. Nunca intentaremos tener demasiados deseos al mismo tiempo. El poder para realizarlos se dispersa demasiado y llevaría demasiado tiempo cumplirlos todos, o no podrían realizarse en absoluto. En este caso, el principal error se encuentra en la introspección. Lo mejor será seleccionar un atributo negativo y transformarlo en uno positivo, y emplear toda la energía disponible en desprenderse de esa cualidad negativa apoderándonos así de una vez por todas de la positiva. Podemos estar seguros de que la Divina Providencia busca fortalecer nuestras cualidades mediante obstáculos y de que esto se intensifica aún más cuando aumenta nuestro anhelo por adquirir una cualidad en concreto. Por esta razón debemos dar la bienvenida a todos los obstáculos que van a contribuir a nuestra perfección con una sonrisa. Tenemos que esperarlos, reconocerlos como tales y estar contentos con ellos, pero no quejarnos, rezongar y maldecir o sentirnos disgustados. 4. Nuestros deseos involuntarios o, mejor, nuestros sueños, que de pronto se imponen con una gran fuerza para ser realizados pertenecen a un capítulo aparte. Surgen a través de formas de pensamientos, de esquemas y larvas que poseen algo así como un instinto de autoconservación y acechan a las personas de ideas afines para arrebatarles la energía. Quizá un día aciago nos veamos sorprendidos al descubrir que la persona de nuestros sueños se presenta físicamente delante de nosotros; una persona que no conocíamos anteriormente, pero que es la imagen viviente de la que habita en nuestros sueños. Aunque al principio no seamos totalmente conscientes de ello, al final estaremos seguros de que es así. Por ejemplo, es posible que una persona que ha alcanzado un desarrollo superior tenga que enfrentarse a una ondina en forma física, y con atributos que coinciden con la persona de sus sueños, para cumplir sus deseos. Por supuesto que constituye un obstáculo para nuestro desarrollo o incluso puede conducirnos por el mal camino, como nos lo describe el Maestro Bardon en Frabato el Mago y en La Práctica de la Evocación Mágica. Eso mismo le ocurrió a un amigo mío y puedo asegurar que puede llegar a constituir un verdadero problema. Seres como estos pueden leer nuestros pensamientos y por lo tanto adaptarse a nuestros deseos más íntimos. Nunca se mostrarán desagradables o ingratos. Colmarán sus deseos y desviarán al mago discretamente de su camino, del camino que se trazó conscientemente y que debería recorrer de acuerdo con las leyes. Fue Circe, la bruja de la mitología griega, quien quiso mantener a Odiseo en su placentera isla para impedir que volviera a su hogar. Yo saqué mis conclusiones de estos ejemplos, por lo que he traspasado el plano completo de los pensamientos para liberarme y limpiarme de todos los deseos involuntarios. Desde entonces estoy en guardia y medito tres veces antes de emitir un pensamiento que contenga un deseo. Estas materias se explican y describen en los libros del Maestro por una razón en concreto y aunque podríamos pensar que “esto nunca me ocurrirá a mí”, puedo asegurar por experiencia personal que no es así. El maestro me dijo que una vez conoció a una ondina que le gustaba mucho, pero su pareja, un espíritu del agua que era muy celoso le provocó todo tipo de problemas, de modo que tuvo que cortar la relación. En aquella época yo acababa de empezar a visitar la esfera de Venus y sus seres sin experimentar ningún problema. Por eso estaba convencido de mi seguridad hasta que, de pronto experimenté lo mismo que uno de mis pacientes cuando le golpeó en la cabeza una teja de un tejado y me dijo: “Durante cincuenta años he girado por la misma esquina y durante todo ese tiempo nunca me ocurrió nada, pero precisamente hoy…”¿Puede explicármelo, doctor?”
© Dr. Lumir Bardon y Dr. M.K.
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